14.6.08

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Aujourd'hui, maman est morte. Ou peut-être hier, je ne sais pas.















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El otoño recorre las islas
(J.C. Becerra)


A veces tu ausencia forma parte de mi mirada,
mis manos contienen la lejanía de las tuyas
y el otoño es la única postura que mi frente puede tomar para pensar en ti.

A veces te descubro en el rostro que no tuviste y en la aparición que no merecías,
a veces es una calle al anochecer donde no habremos ya de volver a citarnos,
mientras el tiempo transcurre entre un movimiento de mi corazón y un movimiento de la noche.

A veces tu ausencia aparece lentamente en mi sonrisa igual que una mancha de aceite en el agua,
y es la hora de encender ciertas luces
y caminar por la casa evitando el estallido de ciertos rincones.

En tus ojos hay barcas amarradas, pero yo ya no habré de soltarlas,
en tu pecho hubo tardes que al final del verano
todavía miré encenderse.

Y éstas son aún mis reuniones contigo,
el deshielo que en la noche
deshace tu máscara y la pierde.

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Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
( C. Pavese)

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, amada esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.

29.5.08

Cien años de soledad



Terminaron llorando juntos y Aureliano sintió por un momento que el dolor había terminado. Pero cuando volvió a quedar solo en la última madrugada de Macondo, se abrió de brazos en la mitad de la plaza, dispuesto a despertar al mundo entero, y gritó con toda su alma:

-¡Los amigos son unos hijos de puta!

...

20.4.08

jamais-vu


Mi casa ha dejado de ser mi casa - te digo - mientras permaneces inmutable en tu silla a diez años luz de aquí. Mi cama ha dejado de ser mi cama. Miro mis pies y no reconozco estos zapatos, ni estos calcetines, mucho menos este pantalón a cuadros que, supongo, me has puesto tú. ¿He estado aquí toda mi vida? Dónde estuve nueve minutos antes del décimo. Yo no estuve aquí antes, esto nunca me había sucedido. Me miras con tus pupilas de galaxia en extinción donde ya no habito. Me miras desde la soledad perfecta de una fotografía colgada en mi pecho. [¿Me miras, Sarafina?] Esta taza no es mi taza y alguien bebe de ella; aún el humo y el olor se desprenden de ese té desconocido y ajeno. ¿Adónde he sido traido? Me parece despertar de otro mundo. Este aire que no es mi aire de dónde ha venido. Vacío.

[¿Lleno de mí, sitiado en mi hepidermis? No - fuera de mí, exiliado de mi ser]

Mis manos descocidas que ya no son mis manos. Mi yo que no soy más yo. Mi rostro que me mira sin que sepa quién me ve.
jamais-vu

29.3.08

32


Esto no va más.
Mi verdadera vida la sigue viviendo por mí, Sarafina FaMale. Escucha -le he dicho- voy a leerte algo que escribí hace unos días. No soy tu lector -me respondió un poco fastidiada. No soy tu lector -como cada vez que insisto en leerle mis diarios. Me he quedado mudo. Ella se ha levantado de su pequeña silla de forros anaranjados y se ha marchado en busca de agua. Ha vuelto con dos vasos y me ha extendido uno Toma -dijo- estás secandote. Yo me he quedado en silencio observando las diminutas burbujas pegadas al cristal. Pensando, gravitando en el vacio.
Cuando hubo pasado suficiente tiempo y corriamos el riesgo de no volver a hablar nunca, ella ha vuelto a ponerse de pie. Se ha quedado frente al espejo dándome la espalda y ha comenzado a contarme una historia. La historia de un hombre -dijo- cuyo único talento consistía en escribir libros. Escribía frenéticamente páginas y páginas en sus madrugadas insomnes y mañanas febriles. Un hombre capaz de hacer libros perfectos, redondos como nísperos, pero incapaz de tener siquiera un amigo. Un hombre cuyo talento literario lo había llevado a la soledad absoluta, al aislamiento recalcitrante, y que eligió -entre muchos posibles- un terapeuta, a quien fingía engañar con una extravagante distimia que sólo él podía ayudarle a mejorar. Un hombre que acudió, durante mucho tiempo, puntual a la cita cada tercer día con las páginas de sus diarios memorizadas para repetirlas a su doctor, y que acabó convirtiendose a sí mismo en un libro en busca de un lector.
Yo continué callado. Sus palabras se movían en mí como círculos concéntricos de agua. Se sentó de nuevo. Me miró con su mirada de años luz y guardó silencio.
La miré despacio. La grabé en mi mente. Me puse de pie. Me tomé el agua y salí cerrando la puerta sin hacer ruido. Bajé las escaleras, salí a la calle, me alejé; yo ya no podría volver.

.......

[Los nombres de los personajes han sido cambiados para su protección. Cualquier parecido con la realidad, es una pena.]
[el dibujo es de Federico del Barrio; León Doderlin]
.......
[este sí lleva destino: mi querido E, quien no me tocó en la repartición de bienes. Pero a quien siempre, irremediablemente, quiero, extraño y recuerdo. Y si pasas por acá, que sepas que aún no nos cortamos el cordón umbilical. ]

22.2.08

Habana Blues


Empezar de nuevo sin destino y sin tener un camino cierto que me enseñe a no perder la fe,y escapar de este dolor sin pensar en lo que fue.
¿Cuánto aguanta un corazón sin el latido de creer? en lo bello, en la verdad de la esperanza de esta sed de amar, en los sentimientos que se quedan, sueños que perduran; y busqué y subí y fui preso entre las alas del amor sin distancias ni recuerdos en las arenas de esta soledad...
Y cierro los ojos sólo para comprender cuánto aguanta un corazón sin el latido de creer.

[ Arenas de soledad ]
[ Habana Blues ]

6.2.08

Shih Ho: la mordedura tajante



Hexagrama 1Arriba Li, lo adherente, el fuego

Hexagrama 1Debajo Chen, lo suscitativo, el trueno

Solución general: Cuando un obstáculo se opone a la unión, el éxito se obtiene atravesándolo con una enérgica mordedura. Esto rige en todas las circunstancias.
Este signo hace referencia a situaciones donde la conducta de ciertas personas es muy peligrosa o muy dañina. No se trata de desavenencias, de malentendidos, sino que se trata de personas que están haciendo daño conscientemente, que están obstaculizando con ello la unión entre personas destinadas a estar unidas. Debido a la gravedad de su comportamiento, aquí no se recomienda llegar a un acuerdo a medio camino, sino que se recomienda una actuación enérgica que castigue el comportamiento de esas personas, las cuales solo dejaran de hacer daño cuando reciban el castigo. Es decir, cuando las personas no son muy egoístas, ni su comportamiento es muy grave, lo conveniente es llegar a un acuerdo. Sin embargo, hay personas que solo mejoran su comportamiento cuando reciben un castigo.

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nada que decir..mucho por hacer
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4.2.08

febrero de las encrucijadas



Algunas veces creemos que vamos a un lado y en realidad vamos a otro. A veces los estragos son lo mejor que nos puede pasar, aunque de entrada duela, aunque de entrada descorazone.
En su vientre, el nuevo estrago gesta un embrión de libertad.

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pero duele, aunque no quiera concentrarme en ello.

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duele, pero es hora de decir adios

28.1.08

Camino del dragón por las inmensidades


El Dragón en las Inmensidades de las Penumbras
Ataca a los fantasmas sin saber que ya lo tiene todo ganado.
El Caminante Dragón se halla en el mejor de los lugares, pero aún confuso, persigue a espejismos y libra batallas con fantasmas exteriores e interiores... ¿cuándo abrirá los ojos?
Una actitud así sólo desgasta sus energías, pero de cualquier manera no hay daño posible; el Caminante es protegido por la Tierra, es decir por sus muy favorables circunstancias.

Claves: No se debe derrochar las circunstancias favorables en cosas inciertas, ni tampoco se debe dudar cuando los hechos hablan.

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Mi tirada del I-ching día 28
AHhhh!! por qué seré tan necia??

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21.1.08

bovarysmo policromático



Día 21:
Salimos al semidesierto por primera vez. Cameraman manejaba, Cy de copiloto, el venado y yo detrás jugando a meter balines en una tablita y a hacernos cosquillas en las axilas. Llevabamos apenas una hora de viaje cuando nos detuvimos a la orilla de un río para tratar de subir hasta el abrigo rocoso chichimeca que veíamos desde la carretera que va de Colón a Tolimán. (tomar un litro de café negro antes de salir no ha sido una idea buena, mi vejiga está por reventar y la opción de "pisear" en el campo no me convence)
Ha empezado a subir la temperatura y es probable que tengamos oportunidad de quitar el toldo y empolvarnos un poco. Los espíritus de cabra han decidido escalar el cerro. A él no lo detiene ni el arnés postoperatorio que usa. Yo me muero de miedo y me tiemblan las piernas al tratar de cruzar el río por las piedras. Yuk lo recuerda y vuelve por mí; me va diciendo donde poner mis pies mientras me anima: ¡vamos, verita, tú puedes! ¡dame la mano!
Toño se queda para hacer las filmaciones que necesita; nosotros tres avanzamos río arriba (o río abajo, en realidad no lo sé). Yukash quiere trepar y en un momento hay que escalar como arañas. Comienza a hacerlo, lo sigue Miguel con mucho cuidado, mientras yo desisto. Yuk me dice que suba, pero prefiero volver. En el camino me topo con un chivo trepado en una piedra. Si fuese un poco como las personas, seguro se estaría riendo por dentro y su quietud estaría recordandome el miedo de vera ante los cerros. Por suerte no lo es y sigue dedicado a su pastura.
En la vuelta me espino una mano, las puntas se hunden y no logro sacarlas; ya será mi cuerpo quien las expulse. Logro cruzar las piedras de nuevo y llego hasta Toño que sigue filmando. Espero a mis compañeros sentada en una piedra a la orilla. Me duele el culo y prefiero volver al auto.
Seguimos en el camino. Llegando a Toliman vamos al mercado a comer gorditas con guisos; el niño sentado a mi lado me agrada como pocos, hay un perro olisqueando cerca nuestro,y él se divierte haciendome creer que olisquea mis nalgas.
Terminamos de comer y los chicos deciden que es hora de ponerme al volante. Me da un poco de nervio y emoción. La temperatura ha subido lo suficiente y bajamos el toldo. Toño seguirá filmando, Miguel será mi copiloto y Yukash espera a un mejor lugar para ponerse de pie y sacar la cabeza por la ventana.
Avanzamos, me dan temor las curvas y la velocidad, estamos en el semidesierto y los desfiladeros son profundos; la responsabilidad de llevar seguros a mis compañeros me tensa los brazos; Miguel me dice que me relaje y acelere. Acelera, Vera, acelera. Acelero, no lo suficiente como debería pero sí lo bastante como para sentirme segura. Me prohibo pensar en los cerros, lo que sucede abajo; me concentro en las curvas y los pedales, debo ver por los espejos, relajar mis brazos, girar el volante con tranquilidad poco a poco. Encarcelo a mi mente, la esposo, la pongo en camisa de fuerza, la callo de sus susurros paranoicos que quieren hacerme temblar con la idea de salir volando en cualquier curva del semidesierto. Logro vencer el miedo y manejo un rato más. Mis compañeros no saben que estoy cumpliendo una de las fantasías más esperadas de mis treinta años: yo en mi jeep, la carretera al corazón del semidesierto, el aire revolviendo mi cabello y desconectando mis pensamientos, al lado uno de mis mejores amigos y la sensación de estar finalmente, aquí y ahora. (Esa fantasía no incluia otro gran amigo en el asiento de atrás, y jamás imaginé un niño acompañandome, pero estoy segura que eso, lo ha vuelto mejor que mi fantasía)
Al llegar a San Miguel Palma, decidimos bajar el toldo, el camino es de terracería y Miguel se pone al volante. Es divertido cruzar hasta llegar a Peñamiller por ese camino de polvo y piedras. Nos detenemos en una tienda a comer algo y tomar agua. Son las seis de la tarde y debemos seguir, la temperatura sigue bajando. Nos ponemos en marcha, Toño maneja y yo vuelvo a jugar a las cosquillas con Yukash. En las curvas nos lanzamos el uno hacia el otro y jugamos u reimos hasta que la nausea de las curvas me lo impide. Nos detenemos en un mirador un momento, no mucho porque el aire helado nos hace pensar en la necesidad de estar ahí parados, aunque el atardecer sea rojo y hermoso, como esos que sólo en Querétaro he visto. Avanzamos por la carretera, se ha hecho de noche...
Tarda en llegar, y al final, al final, hay recompensa...
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Próxima parada: desierto del norte
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