1.11.08

010908


Guendanabani xhianga sicarú, ne gasti ru niunganda laa, diuxi biseenda laanu idxi layú, ne laa cuidxi laanu ra nuu.
Napu qué gapu zielu, cadi ti napu ziaanu, nahuini naro de irá zabii, ne cadi huidxe guuyu laa ma zedabi, ti bisaana sti, nga huaxa que ziuu dxi.
Laanu ma ziuunu guibá, xunaxidó nga gapa laanu ndaani ná.

Mis labios enmudecieron ya, al intentar decirte adios, ¿qué será de mi alma si al fin, voy a vivir lejos de ti?

Ven a mi lado ingrata, ven vida de mi mismo ser, quiero verme en tus ojos y extasiarme en el aliento que tu boca expira, con la dulzura innata de tu amante alma, que el destino indestrucible me obliga con pena a dejarte marchar.

Ora ma ziuunu ricahui ndaani yóo, huadxi siadó ni biaana ruuna re nisa lu spidóo, ne rixuilú zuhuaabe galaa batóo ti nisadóo, canaba lú xunaxidó, uca laa ndaani ladxidóo.


Ausente de ti voy a vivir mi bien, pero con fe, vives en mi triste corazón, tuyo es. Eres el ángel que del cielo vino a esta vida de pesares a endulzar mi amarga juventud. Pero si por desgracia, mueres o muero yo, allá en la otra mansión, ante el creador me uniré a ti.

Guiruti na qué zie, de irá napaa xhi chee, ora ma guidxiña dxi zaduunanenu ne irá ni ma zee.


[trad. zapoteca]

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A cantar, que como decía el tio Alvaro, cuando estés triste busca una manera de sonreir, por eso canta, canta, canta...

17.10.08

4.10.08

yo quiero ser...


No una chica Almodovar, pero sí una chica Fanny Fink.
Y quiero bailar en la azotea desnuda y pintada con Orfeo.
Y quiero llorar hasta que me escurran los mocos.
Y quiero reírme de mis tropiezos.
Y quiero prender una vela que se consuma hasta el final.
Y quiero un gorro negro, safe blanked
Y quiero un perro merodeando mi puerta.
Y quiero una amiga estrafalaria.
Y quiero una percusión marcando el ritmo de mi corazón.
Y quiero construir un ataud para aventarlo desde mi ventana.
Y quiero sonreír corriendo por el bosque.
Y quiero un liguero negro diminuto.
Y quiero un tarot de huesos africanos.
Y quiero un extraño suceso del más allá en mi vida.
Y quiero creer aunque todo esté en contra.
Y quiero un número misterioso.
Y quiero un guiño desde el más allá.
Y quiero un elevador donde decir la verdad.
Y quiero brincar por las noches.
Y quiero dormir abrazada a mi mejor amigo.
Y quiero celebrar mi cumpleaños con la muerte.
Y quiero bailar rien de rien contigo a mi lado.
Y quiero, reír, reír, y reír.
Y quiero vivir, vivir a lo Fanny Fink!

28.9.08

Adios Butch!


Se murió Paul Newman. Para mí, Butch Cassidy, con sus ojos azules, hermoso. Una de las primeras películas que vi cuando era niña, con mi papá, en el destartalado cine de la sección 22 en Salina Cruz, fue Butch Cassidy and Sundance Kid. Ni qué decir, fanática como era (soy) de las pelis de vaqueros, que en casa jugué durante días y meses con mi hermano Fanqui a ser los ladrones del western. Yo jugaba el rol de Cassidy, mi hermano era el Kid. Una de esas tardes, llegó la hora de los ahorcados y lo que teníamos a la mano era un cable y con él jugabamos. Debiamos ahorcar al maloso Kid, así que con el cable enredado en mi hermano jalé de más, hasta que él lloró y una linea roja más que veloz se trazó en su cuello. Qué espanto. Me aterré y lloré. Él me dijo que no llorara, que no pasaba nada, y yo quizá lloraba más pensando en la chinga que me metería mi papá si se daba cuenta de lo que había hecho. Entonces mi hermanito sacó nuestros siempre usados paliacates rojos y me dijo sonriente: juguemos a ladrones! nos atamos los paliacates a la cara y taparán mi cuello! De más decir que todo el día fuimos ladrones.
Me salvó, una de tantas veces más.

22.9.08

14 palabras



El chico que goza de la invisibilidad ha cumplido 14 años. Cómo hemos cambiado. Hace unos días, una chica con quien voy a trabajar algo para la segunda INTERFAZ me dijo que si nunca había pensado en sacar el dibujo a la ciudad, una suerte de holograma, sacar a Anónimo del anonimato. No voy a negar que me movió su comentario y un par de días más tarde me fui a mi papelería preferida a buscar un nuevo fabriano para actualizar esta historia. Rebuscando en el cajón de historietas (histerietas, como decía el monero), encontré el primer dibujo que hice de él. Por esos días andabamos todos enterandonos de la existencia del EZLN y del sub Marcos, así que esos primeros Anónimos están cargaditos de soldados, retenes y sustitos por tierras oaxaqueñas. Sin embargo, en su mente andaban ya los primeros versos que luego darían paso al libro "Cazador de fuegos fatuos", que son las cosas que él escribe desde entonces. Hoy, cuando la frase de aquellos días "todos somos Marcos" ha mutado por varias y dificiles razones en "todos somos narcos", Anónimo está más que metido en sus laberintos emocionales y existenciales, buscando la nueva estabilidad de su vida, tratando de reencontrar la estabilidad perdida luego de la muerte de Sarafina, la presencia traicionera de Xquenda, el amor dulce de Lei y la irrupción sísmica de una chica de quién aún no sabemos el nombre. Pi y el hermano siguen a su lado, igual que los intermitentes Alex Infectus y Mirla Rouge, quien por cierto sigue con la melena roja y enormes botas.
El año pasado Anónimo estuvo a punto de morir y me veía yo organizando el velorio para enterrarlo en tierras queretanas, pero no se pudo. Es más fuerte de lo que pensabamos y al paso de otro año se encuentra más vivo y encendido que nunca. Se ha vuelto un dragón, se ha puesto un tatuaje, ha aprendido a no tener miedo y sobre todo, ha aprendido a recordar a Sarafina con suave dulzura.

Y quién sabe...quizá ya es la hora en que salga de los cuadernos y los cajones, salga del closet! y ande por ahí, paseandose por el mundo.

...

La metáfora puebla de maravillas la realidad.

5.9.08

x


Voy a ser tu mayordomo y vos harás el rol de señora bien

29.8.08

14.8.08

Romance de la pena roja

Gracias a la pirata Lorencilla hoy he recordado mi infancia. Entre las muchas travesuras que hice y de las cuales aún traigo conmigo las marcas, hay una que pasé muchos años escondiendo de mi familia, y que dije la verdad de lo sucedido ya hasta que habíamos dejado Ixtepec y tenía un par de años (o más) viviendo en Querétaro.
Un domingo por la tarde nos estabamos alistando para ir a misa en familia, como dios manda. Yo me metí a bañar, pero antes había visto una película de vaqueros. Creo que tendría unos 8 ó 9 años, y el baño de mi casa era muy grande; al entrar estaba un lavabo, después la regadera y al fondo la taza de baño. Yo me llevé un paraguas al baño e influenciada por la peli (no recuerdo cuál era y me gustaría) empecé a jugar bajo la lluvia. El lavabo era el balcón de la chica guapa de mi peli, la regadera era el espacio de la calle enfrente de mi casa y la taza del baño era el caballo del guapísimo vaquero. Total que iba yo de un lado para el otro brincado del lavabo a la lluvia y de la lluvia al caballo. Oh, sí nena, quieres dar una vuelta conmigo? Ah, no, no puedo salir, no me lo permiten, y parpadeaba mil veces por segundo. Está lloviendo, no me puedo mojar. Ah, nena vamos, sólo daremos un pequeño paseo.. Y así llevaba ya un buen rato cuando de pronto, al brincar de nuevo a mi balcón, éste no resistió más y ahí va la bella dama con paraguas y nubes en la cabeza a dar al piso, el lavabo estrellado en pedacitos y el agua saliendo a chorros por la tubería. Me recuerdo a mí misma gritando y salir gateando del baño llena de sangre y colgarme del cuello de mi mamá como un changuito tembloroso. Mi hermano con el ruido salió corriendo pensando que era un temblor, de los comunes en Oaxaca, mi papá salió a alcanzarlo antes de que se estampara en el portón. Mi hermana se quedó en el pasillo viendo la escena y después buscó una tina para que ahí cayera el agua.
Mi mamá me tenía cargada y no sabían ni por dónde empezar la curación. Nadie entendía qué había pasado.
De esa aventura del oeste saqué tres dedos, las rodillas, una pierna y una nalga heridas. Me pusieron café en las cortadas y me ataron los dedos. Ahí vamos, un domingo por la noche, en un pueblo, a buscar un doctor. El único que encontramos no tenía suficiente anestesia y debió elegir entre mis dedos y mi nalga para adormecer. Ya no recuerdo dónde puso la anestesia, pero recuerdo muy bien el trapo gris que me dieron para morder y la mano de la enfermera que yo apretaba. Me cosieron los tres dedos centrales de la mano derecha y la herida en la nalga también derecha. La pierna y las rodillas no necesitaron puntos. Yo juré y volví a jurar esa noche que jamás volvería a hacer travesuras, que llevaría por siempre en mi cuerpo las marcas que me recordarían lo que no debía hacer y lloraba y lloraba como una magdalenita asustada. Por supuesto que a la semana ya andaba yo abriendo el portón cancelado de la casa con pinzas y desarmador.
Después del remiendo, fuimos a casa de mi abuelita María y me acuerdo que estaban mis tios y primos también. Ahí lo verdaderamente vergonzoso: a ver?? qué te pasó? a ver las heridas! en los dedos? y la nalga? y ahí Verita enseñando la mano, la pierna, las rodillas y bajandome los shorts para exhibir mi preciosa cicatriz en la cola.
Durante una semana no fui a la escuela, y cuando me preguntaban que me había pasado decía que me había cortado con un cuchillo, que me había cortado los dedos y al caerse me corté la pierna. Lo de la nalga no lo explicaba porque pensarían que este cuchillo era más inteligente que la bala solitaria que mató a Kennedy.
Durante años en mi casa me preguntaban qué había pasado en realidad pero no solté prenda. Mi secreto del romance entre el vaquero y la dama rouge bajo la lluvia me lo pensaba llevar a la tumba, pero lo evitó una de esas tardes familiares en que todo va tan bien, que uno cuenta hasta sus más secretas boberías.

8.8.08

57 días y 56 noches

Intento cumplir una promesa que hice esta tarde.
Han pasado 55 días desde que mamá murió, mismos que a ratos de alargan hasta el infinito, y de súbito se desvanecen como minutos apresurados. Sigo con la sensación de irrealidad en el cuerpo y en la mente. [Mi terapeuta quizá me diría que aún sigo en la primera fase del duelo, la incredulidad, por ello no tocamos el tema. Nadie tiene prisa por sanar]

Llevo tres noches sin medicación, suspensión voluntaria. En su lugar intento atrapar el sueño moviendo muebles, cargando cajas con libros y discos, tirando enormes bolsas de basura, pitando paredes de rojo obsesivo, tirando muros, abriendo ventanas. Mi cuerpo se cansa, pero mi mente sigue el galope desbocado hacia mis recuerdos. Las noches pasadas abrazando a mi madre como si fuese un bebé, acurrucada en mis brazos, recargada en mi pecho, mientras comiamos paletas de limón y naranja, regresan a mi lado, pero no encuentran mis brazos su cuerpo y sus ojos negros no me miran más con su infnita ternura. Duele.

El terapeuta dice que no debo exigirme lo que no soy capaz de darme por ahora, que viva mi duelo y me tome el tiempo necesario para llorar y estabilizarme de nuevo. Mi prisa por poner una sonrisa en mi rostro. Mi ansiedad por buscar nuevos medicamentos, nuevas terapias, cualquier aguja que se clave tanto en mí que me haga olvidar el dolor de saberla muerta. La extraño.

He pensado en beber de nuevo, en emboracharme hasta cantar a gritos la canción ´para los muertos que aprendí en mi pueblo. Guendanabani xianga sicarú, ne gasti tú, riu ganda laa. Nada sirve. Sólo el tiempo, que como dice Bunbury, no es un doctor.