16.11.08

no me nombres por favor













porque soy vacío y sustancia

porque soy continente y contenido

a la hora en que llegan los tiburones mordiendo mis costados, clavando sus diminutos colmillos en mi piel que se resquebraja, agrietada mi musculatura.

mientras alguien canta loas al naranjo en flor, esta mañana de domingo, fría y norteada, yo también declaro que no es de piedra mi textura.

mientras en mi corazón se agita el desasosiego de lo imposible, la ansiedad de la ausencia y la desesperación de la ilusión amputada; acabo de darme cuenta que me falta frialdad y me siento socio de la soledad.

a lo Fanny Fink, también, yo tampoco voy a ofrecerme como una naranja pasada.

11.11.08

un barquito de cáscara de nuez


El fin de semana pasé, quizá, mis más novedosas horas en el agua. Se siente bien no tocar la tierra. Se siente bien estirar las piernas, las puntas de los dedos y no rozar la arena. Se siente bien estar a más de un metro de distancia de la orilla. Se siente bien moverse en el agua y flotar, avanzar un poco, retroceder, volver a avanzar, dar una pequeña vuelta, irse familiarizando con el agua, con el fondo lejano y mover los brazos uno tras otro. Por primera vez no pasé todo el tiempo viendo sólo cómo los demás se divierten y nadan, claro, aún no crucé un lago, aún no nado sola, pero el hecho de moverme un poco más libre fue ma-ra-vi-llo-so! Me tenía fascinada la sensación del agua al mover las piernas y no tocar nada, la sensación de perder el miedo y alejarme de la orilla, queriendo dentro de poco poder avanzar más. Sin miedo, contenta, a salvo.

Estar ahí, en esa agua, flotando y sin tocar fondo me hizo recordar las veces que casi me ahogo en el ojo de agua de Ixtepec por no saber nadar y no usar chaleco salvadidas. Dos veces. También me hizo pensar en mi recién adquirida orfandad. Quizá por la cercanía con el agua tengo ahora una representación visual de mí misma respecto a la falta de mis padres. Me siento como si de pronto me hubiesen lanzado a lo más profundo del mar, de noche, sin orillas cercanas o siquiera visibles, sin saber nadar, sin chaleco salvavidas ni llantita para flotar. Y mi trabajo es respirar ahí, mantenerme a flote. Nadar y salvarme. Tengo la sensación de no tener tiempo para tener miedo, aunque miedo tengo y mucho; si me tardo en lograr flotar me ahogaré; si me tardo en aprender a nadar en el mismo instante, me ahogaré. Y así me siento, queriendo mantenerme a salvo, sin hundirme, queriendo salvarme, nadar y llegar a alguna orilla.
Esta recién adquirida orfandad sólo puede llevarme a dos puntos: en el primero vencen el miedo y la ausencia, la tristeza, la falta de voluntad y coraje, me ahogaré irremediablemente, me hundiré por siempre en la desesperación y el llanto, en la dependencia de mis muertos. En el segundo, tendré que volverme un pez y nadar en un segundo, tendré que volverme cocodrilo, entrar y salir a tierra y agua indistintamente; tendré que mutar de inmediato, volverme un ser independiente, vivo, que estira la espina y levanta la cara, que mira al mundo como el sobreviviente de su propia tragedia.
Hay días en los que gana terreno el desasociego y quiero que todo termine, que la soledad termine, que la ausencia termine, que el llanto termine, que los años terminen.
Hay días, sin embargo, en los que quiero que la libertad no termine, que las piernas no se cansen, que la risa me persiga y la vida me contagie.

Un día, estaré parada en una de esas dos orillas que por ahora siguen un poco distantes. En la noche, mientras camino, no puedo ver bien cuál de las dos esta´más cerca y hacia cuál de ellas me dirijo. Lo hago a ciegas un poco, algunas veces con auxilio de luciernagas.

Un día estaré parada en una de esas dos orillas, y el tiovivo de mi corazón habrá llegado al final de un camino.

Mientras, sigo moviendo las piernas, jalando todo el aire que pueden guardar mis pulmones y sigo. Floto. Camino.

1.11.08

010908


Guendanabani xhianga sicarú, ne gasti ru niunganda laa, diuxi biseenda laanu idxi layú, ne laa cuidxi laanu ra nuu.
Napu qué gapu zielu, cadi ti napu ziaanu, nahuini naro de irá zabii, ne cadi huidxe guuyu laa ma zedabi, ti bisaana sti, nga huaxa que ziuu dxi.
Laanu ma ziuunu guibá, xunaxidó nga gapa laanu ndaani ná.

Mis labios enmudecieron ya, al intentar decirte adios, ¿qué será de mi alma si al fin, voy a vivir lejos de ti?

Ven a mi lado ingrata, ven vida de mi mismo ser, quiero verme en tus ojos y extasiarme en el aliento que tu boca expira, con la dulzura innata de tu amante alma, que el destino indestrucible me obliga con pena a dejarte marchar.

Ora ma ziuunu ricahui ndaani yóo, huadxi siadó ni biaana ruuna re nisa lu spidóo, ne rixuilú zuhuaabe galaa batóo ti nisadóo, canaba lú xunaxidó, uca laa ndaani ladxidóo.


Ausente de ti voy a vivir mi bien, pero con fe, vives en mi triste corazón, tuyo es. Eres el ángel que del cielo vino a esta vida de pesares a endulzar mi amarga juventud. Pero si por desgracia, mueres o muero yo, allá en la otra mansión, ante el creador me uniré a ti.

Guiruti na qué zie, de irá napaa xhi chee, ora ma guidxiña dxi zaduunanenu ne irá ni ma zee.


[trad. zapoteca]

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A cantar, que como decía el tio Alvaro, cuando estés triste busca una manera de sonreir, por eso canta, canta, canta...

17.10.08

4.10.08

yo quiero ser...


No una chica Almodovar, pero sí una chica Fanny Fink.
Y quiero bailar en la azotea desnuda y pintada con Orfeo.
Y quiero llorar hasta que me escurran los mocos.
Y quiero reírme de mis tropiezos.
Y quiero prender una vela que se consuma hasta el final.
Y quiero un gorro negro, safe blanked
Y quiero un perro merodeando mi puerta.
Y quiero una amiga estrafalaria.
Y quiero una percusión marcando el ritmo de mi corazón.
Y quiero construir un ataud para aventarlo desde mi ventana.
Y quiero sonreír corriendo por el bosque.
Y quiero un liguero negro diminuto.
Y quiero un tarot de huesos africanos.
Y quiero un extraño suceso del más allá en mi vida.
Y quiero creer aunque todo esté en contra.
Y quiero un número misterioso.
Y quiero un guiño desde el más allá.
Y quiero un elevador donde decir la verdad.
Y quiero brincar por las noches.
Y quiero dormir abrazada a mi mejor amigo.
Y quiero celebrar mi cumpleaños con la muerte.
Y quiero bailar rien de rien contigo a mi lado.
Y quiero, reír, reír, y reír.
Y quiero vivir, vivir a lo Fanny Fink!

28.9.08

Adios Butch!


Se murió Paul Newman. Para mí, Butch Cassidy, con sus ojos azules, hermoso. Una de las primeras películas que vi cuando era niña, con mi papá, en el destartalado cine de la sección 22 en Salina Cruz, fue Butch Cassidy and Sundance Kid. Ni qué decir, fanática como era (soy) de las pelis de vaqueros, que en casa jugué durante días y meses con mi hermano Fanqui a ser los ladrones del western. Yo jugaba el rol de Cassidy, mi hermano era el Kid. Una de esas tardes, llegó la hora de los ahorcados y lo que teníamos a la mano era un cable y con él jugabamos. Debiamos ahorcar al maloso Kid, así que con el cable enredado en mi hermano jalé de más, hasta que él lloró y una linea roja más que veloz se trazó en su cuello. Qué espanto. Me aterré y lloré. Él me dijo que no llorara, que no pasaba nada, y yo quizá lloraba más pensando en la chinga que me metería mi papá si se daba cuenta de lo que había hecho. Entonces mi hermanito sacó nuestros siempre usados paliacates rojos y me dijo sonriente: juguemos a ladrones! nos atamos los paliacates a la cara y taparán mi cuello! De más decir que todo el día fuimos ladrones.
Me salvó, una de tantas veces más.

22.9.08

14 palabras



El chico que goza de la invisibilidad ha cumplido 14 años. Cómo hemos cambiado. Hace unos días, una chica con quien voy a trabajar algo para la segunda INTERFAZ me dijo que si nunca había pensado en sacar el dibujo a la ciudad, una suerte de holograma, sacar a Anónimo del anonimato. No voy a negar que me movió su comentario y un par de días más tarde me fui a mi papelería preferida a buscar un nuevo fabriano para actualizar esta historia. Rebuscando en el cajón de historietas (histerietas, como decía el monero), encontré el primer dibujo que hice de él. Por esos días andabamos todos enterandonos de la existencia del EZLN y del sub Marcos, así que esos primeros Anónimos están cargaditos de soldados, retenes y sustitos por tierras oaxaqueñas. Sin embargo, en su mente andaban ya los primeros versos que luego darían paso al libro "Cazador de fuegos fatuos", que son las cosas que él escribe desde entonces. Hoy, cuando la frase de aquellos días "todos somos Marcos" ha mutado por varias y dificiles razones en "todos somos narcos", Anónimo está más que metido en sus laberintos emocionales y existenciales, buscando la nueva estabilidad de su vida, tratando de reencontrar la estabilidad perdida luego de la muerte de Sarafina, la presencia traicionera de Xquenda, el amor dulce de Lei y la irrupción sísmica de una chica de quién aún no sabemos el nombre. Pi y el hermano siguen a su lado, igual que los intermitentes Alex Infectus y Mirla Rouge, quien por cierto sigue con la melena roja y enormes botas.
El año pasado Anónimo estuvo a punto de morir y me veía yo organizando el velorio para enterrarlo en tierras queretanas, pero no se pudo. Es más fuerte de lo que pensabamos y al paso de otro año se encuentra más vivo y encendido que nunca. Se ha vuelto un dragón, se ha puesto un tatuaje, ha aprendido a no tener miedo y sobre todo, ha aprendido a recordar a Sarafina con suave dulzura.

Y quién sabe...quizá ya es la hora en que salga de los cuadernos y los cajones, salga del closet! y ande por ahí, paseandose por el mundo.

...

La metáfora puebla de maravillas la realidad.

5.9.08

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Voy a ser tu mayordomo y vos harás el rol de señora bien

29.8.08